Agosto.
Gritos y sollozos provienen de la habitación 109, el doctor Lawrence es el único que entra y sale de ahí cargado de jeringuillas, morfina y, a veces, bolsas de sangre.
Septiembre.
Solo algún golpe sordo o algún sonido de cristales proveniente de la 109 rompe el sonido habitual del hospital. Nadie sabe lo que se esconde en esa habitación. A veces se escuchan gruñidos y chillidos dudablemente humanos, aunque Thomas ya nos avisó de eso.
Octubre.
Tres de octubre. Una curiosa enfermera en prácticas aprovecha la media hora de descanso del doctor Lawrence y se atreve a entrar a mirar para luego contárselo a las demás. Nunca la vimos salir.
Veinte de octubre. Ninguna enfermera se atreve a ir al final del pasillo, donde se halla la 109 después de que la jovencísima enfermera Kathy fuera hallada muerta en el río que se ve desde dicha habitación. Se dice que fue brutalmente asesinada.
Noviembre.
Han culpado a un joven de veintisiete años de la muerte de Kathy. Las enfermeras dudan de su culpabilidad. El doctor Lawrence dice no saber nada. Aumentan las donaciones de sangre en el hospital y, sospechosamente, la mayoría van a parar a la 109.
Diciembre.
Se dice que el supuesto asesino de Kathy se ha suicidado en su celda, las enfermeras respiran algo más tranquilas. Aumenta el miedo. Ya se sabe el sexo del paciente de la 109. Es una mujer. Thomas nos lo ha dicho, estaba harto de vernos cotillear.
Nadie sabe su nombre, pero sí que padece esquizofrenia.
Once de diciembre. El celador lo ha asegurado diciendo que ha escuchado en el interior de la habitación a una mujer gritar y arañar las paredes cuando fue a cambiar la bombilla del baño interno. La mujer estaba atada. Y si estaba atada... ¿Quién arañaba las paredes? ¿Por qué no está interna en el psiquiátrico?
Veinte de diciembre. Los rumores sobre la muchacha se habían dispersado entre los trabajadores del hospital, desde abortos hasta hipnotismos, el doctor parece satisfecho. Ya no se oyen gritos, de vez en cuando algún gruñido.
¿Qué clase de paciente ha traído el doctor al hospital?
Veintiséis de diciembre. Thomas dice que ha escuchado al doctor Lawrence en la 109 diciéndole a la joven que a finales de mes será trasladada al ala de psiquiatría. Tengo curiosidad por ver al nuevo juguete del doctor.
Treinta de diciembre. Algunas enfermeras nos hemos colocado estratégicamente a lo largo del pasillo, mirando de reojo la puerta de la habitación 109, a la espera de su apertura. El joven Peter Harker, el hermano de Lucy, había aparecido por la mañana con un paquete en la mano y había entrado en la habitación, saliendo de ella dos horas más tarde, ligeramente sonrojado. Raro que haya salido, después de lo de Kathy me da miedo acercarme.
Sobre las siete de la tarde, el doctor Lawrence caminaba a lo largo del pasillo, llave en mano y se limitó a abrir el cerrojo y desaparecer por el pasillo tan rápido como vino. Al cabo de un rato, contemplé cómo el pomo de la 109 giraba, la puerta se abrió lentamente. Una joven, de unos diecinueve años, tez pálida, pelo del color de la sangre y unos ojos celestes, con un cierto aire egocéntrico, inclinó la cabeza a modo de saludo cuando se percató de que la estaba mirando. Vestía un impoluto pijama blanco que todo paciente ha de llevar en el psiquiátrico, una pequeña maleta y los brazos al descubierto por llevar el pijama de verano, que mostraban múltiples heridas de pinchazos, que estropeaban ligeramente su piel tatuada. Cerró la puerta con cuidado y caminó por el pasillo, como si ya supiera dónde tenía que ir, dónde estaba la puerta que conectaba el hospital con el psiquiátrico, con una mirada fija y enfermiza, como la palidez de su rostro, un leve estremecimiento me recorrió de arriba a abajo, parecía peligrosa.
Dudo que sea real, no parece una joven normal como lo podía ser Anastasia o Kathy, algo en ella me daba bastante miedo. ¿Y si era cierto que el doctor Lawrence trataba a pacientes no humanos?
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